Cada año, las enfermedades cardiovasculares (ECV) son responsables de más de 4 millones de muertes en Europa, lo que las convierte en la principal causa de mortalidad en el continente. Estas enfermedades incluyen infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares y otras afecciones relacionadas con el sistema circulatorio.
Desde hace décadas, la prevención y tratamiento de las ECV han estado centrados en la reducción del colesterol LDL (conocido como «colesterol malo»), ya que se ha identificado como un factor de riesgo clave en la aterosclerosis y la obstrucción de las arterias. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que controlar el colesterol LDL no es suficiente, ya que muchos pacientes que logran reducir sus niveles aún desarrollan enfermedades cardiovasculares.
Esto nos ha llevado a la necesidad de un enfoque más amplio y personalizado en la prevención del riesgo cardiovascular, en el que otros biomarcadores y factores metabólicos jueguen un papel clave.
El riesgo residual es un concepto que describe el porcentaje de pacientes que, a pesar de cumplir con los objetivos de reducción de colesterol LDL, presión arterial y glucosa, siguen sufriendo eventos cardiovasculares. Se estima que este riesgo es del 60-70%, lo que indica que existen otros factores que aún no se están abordando completamente en la prevención y tratamiento de las ECV.
Uno de los estudios más reveladores en este sentido fue publicado en el American Heart Journal en 2009. Este estudio analizó a más de 130,000 pacientes hospitalizados por enfermedad coronaria y encontró que más del 50% de ellos tenían niveles óptimos de colesterol LDL en el momento de su ingreso. Esto sugiere que el colesterol LDL por sí solo no es un indicador suficiente del riesgo cardiovascular.
El colesterol no circula libremente en la sangre, sino que necesita un sistema de transporte especial: las lipoproteínas. Partículas compuestas por lípidos y proteínas, cuya función principal es movilizar el colesterol, los triglicéridos y otros lípidos a través del torrente sanguíneo hacia las células que los necesitan. Existen diferentes tipos de lipoproteínas, pero las más relevantes en el ámbito cardiovascular son:
Lipoproteínas de baja densidad (LDL, Low-Density Lipoprotein): Transportan colesterol desde el hígado hacia los tejidos. Un exceso de estas partículas puede llevar a la acumulación de colesterol en las paredes arteriales, favoreciendo el desarrollo de aterosclerosis.
Lipoproteínas de alta densidad (HDL, High-Density Lipoprotein): Se encargan del transporte inverso del colesterol, es decir, recogen el colesterol sobrante de los tejidos y lo llevan de vuelta al hígado para su eliminación o reutilización. Tradicionalmente se las ha considerado como «colesterol bueno».
Lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL, Very Low-Density Lipoprotein): Son responsables de transportar triglicéridos desde el hígado hacia otros órganos.
A menudo, en los análisis de sangre tradicionales, se mide la concentración de colesterol total, LDL y HDL en sangre. Sin embargo, estos valores no reflejan con precisión la cantidad y el tamaño de las lipoproteínas que transportan ese colesterol, y estos factores pueden ser determinantes en la evaluación del riesgo cardiovascular.
El número y tamaño de las partículas LDL: No solo importa la cantidad total de colesterol LDL en sangre, sino cuántas partículas LDL están transportando ese colesterol. Las partículas más pequeñas y densas pueden penetrar con mayor facilidad en las paredes arteriales, aumentando el riesgo de aterosclerosis.
Aterogenic Dyslipidemia (Dislipidemia Aterogénica): Es una alteración en los lípidos sanguíneos muy común en personas con diabetes y obesidad. Se caracteriza por niveles bajos de colesterol HDL (colesterol «bueno») y un exceso de triglicéridos. Aunque el colesterol LDL puede parecer normal, el número de partículas LDL suele estar elevado, lo que aumenta el riesgo cardiovascular.
La función del colesterol HDL: Tradicionalmente se ha considerado que niveles elevados de colesterol HDL son protectores frente a las ECV. Sin embargo, estudios recientes indican que no solo importa la cantidad de HDL en sangre, sino también su calidad y funcionalidad. Algunas partículas HDL pueden perder su capacidad de eliminar el colesterol de las arterias, dejando de ser protectoras e incluso volviéndose disfuncionales.
Una de las herramientas más innovadoras en este campo es Liposcale®, un test basado en Resonancia Magnética Nuclear (RMN) que permite una caracterización avanzada del perfil lipídico, proporcionando información más detallada y precisa que los análisis tradicionales de colesterol.
Gracias a esta tecnología, es posible:
✅ Cuantificar el número y tamaño de las partículas LDL, HDL y VLDL, lo que permite una evaluación más precisa del riesgo cardiovascular, ya que no solo se mide el colesterol total, sino cómo está distribuido en las diferentes partículas lipídicas.
✅ Analizar la distribución de las partículas lipoproteicas en función de su tamaño y concentración, ayudando a identificar subtipos de dislipidemias que pueden no detectarse con un perfil lipídico convencional.
✅ Evaluar la fracción de triglicéridos transportada en cada tipo de lipoproteína, lo que es clave en el estudio de dislipidemias aterogénicas y en pacientes con síndrome metabólico.
✅ Detectar perfiles lipídicos alterados que podrían pasar desapercibidos en un análisis estándar, como la presencia de un alto número de partículas LDL pequeñas y densas, altamente aterogénicas.
✅ Ofrecer un enfoque más personalizado en la prevención y tratamiento cardiovascular, permitiendo adaptar estrategias terapéuticas a cada paciente en función de su perfil lipoproteico real, y no solo del colesterol total.
La prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares han avanzado considerablemente en los últimos años, pero sigue habiendo una gran cantidad de pacientes en riesgo a pesar de controlar su colesterol LDL.
Por ello, es fundamental adoptar un enfoque más completo e individualizado, considerando no solo el colesterol LDL, sino también el número y tamaño de partículas lipídicas, la función del colesterol HDL y otros biomarcadores metabólicos.
El uso de herramientas innovadoras como Liposcale® permite mejorar la evaluación del riesgo cardiovascular y desarrollar estrategias preventivas más eficaces.
References:
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